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El tabaco, producto conocido y consumido en todo el mundo en diversas formas, pero sobre todo a través del cigarrillo, es obtenido de las hojas de varias plantas del género Nicotiana, de la familia de las Solanáceas, que contienen un alcaloide altamente adictivo, la nicotina, que se encuentra desde menos del 1% hasta el 12%.
El género Nicotiana abarca más de 50 especies pero las más cultivadas, y por ende más consumidas, son la Nicotina tabacum y la Nicotina rustica. Estas plantas alcanzan entre 1 y 3 metros de altura, tienen un tallo recto y producen entre 10 y 20 hojas anchas. La Nicotina tabacum da flores rojizas y la Nicotina rustica amarillas.
El tabaco y su crecimiento
Se cultiva en más de 120 países con diversas latitudes y condiciones climáticas, pero debido al trabajo y dedicación que exige su producción, los mejores resultados se obtienen solo en ciertos países.
Las hojas de tabaco se recogen a mano cuando comienzan a tomar un color azafranado. Así comienza el proceso de curado de las hojas, que puede ser con fuego, con calor, o al aire libre hasta que pierden un 60% de su humedad y adquieren así su aroma característico.
La planta del tabaco proviene de América y según expertos en genética vegetal sitúan el centro del origen del tabaco en la zona andina entre Perú y Ecuador.
Se cree que los primeros cultivos datan de entre el año cinco mil y tres mil AC. Luego se fue difundiendo por el resto de América y para cuando llegaron los españoles en el año 1492 ya estaba extendido por todo el continente.
Se cree que era consumido por los indígenas americanos desde el siglo I AC. Además de ser fumado era aspirado, masticado, bebido, comido, se untaba sobre el cuerpo, etc. Para fumarlo lo enrollaban en forma de puro, lo envolvían en hojas de maíz a manera de cigarrillo o lo fumaban en pipa. Era utilizado en ritos, con fines terapéuticos, como narcótico y como fuente cotidiana de placer personal. Era considerado una planta mágica.
Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre, dos exploradores compañeros de viaje de Cristóbal Colón, fueron los primeros occidental en ver fumar a los indios e inmediatamente los imitaron, convirtiéndose así en los primeros occidentales en fumar. Al regreso a España, al mostrar la curiosa costumbre indígena fueron encarcelados por la Santa Inquisición por brujería ya que "sólo el diablo podía dar a un hombre el poder de sacar humo por la boca".
En 1559 Hernández de Boncalo llevó las primeras semillas a Europa que fueron plantadas en los alrededores de Toledo, en una zona llamada los cigarrales por las plagas de cigarras que sufría constantemente, de ahí se cree que deriva el nombre cigarro.
Las primeras reacciones al tabaco fueron negativas y su consumo fue perseguido en casi todos los países en los que se introdujo. Fue prohibido en Inglaterra, en Rusia, en Turquía, China y condenado por la Iglesia. Su consumo llegó a ser penado con la muerte en algunos países.
Su expansión en Europa comenzó por medio del embajador de Francia en Portugal, el caballero Jean Nicot, quien se interesó por la planta y por quien se bautizó a la nicotina.
En 1732 el Papa Benedicto XIII, un fumador empedernido, revocó los edictos que prohibían su uso.
Así se fue popularizando en Europa y se comenzó a explorar su propiedades medicinales. El consumo de tabaco continuó aumentando en todo el mundo hasta el año 1973, momento en que empezó a observarse una disminución, aunque sigue siendo uno de los hábitos mas comunes de la sociedad actual.
Hoy en día numeroso estudios han negado su posible uso con fines terapéuticos, han comprobado sus altos niveles de adictividad (se considera a la nicotina como la segunda droga más adictiva solo superada por el crack) y la colocan como la principal causa del cáncer de pulmón, las afecciones vasculares del corazón, el enfisema y varias otras enfermedades.
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