Pisando el límite
Jamás se arrepienten de esas conductas, al punto que se vuelven una rutina. No hablar sobre los incidentes es una prueba de que convirtieron en natural algo que no lo es...
Punto de ebullición
Te contamos algunas razones por las que este comportamiento es tan común. "A menudo, irse a las manos parece más fácil que encontrarlas palabras correctas para expresar tus sentimientos", explica Felder. Además, está el hecho de que la gente hoy está más estresada que antes. "Vivimos en un mundo muy convulsionado", subraya Juan José Tapia, especialista en Ecología humana. "Trabajamos más, dormimos menos y tenemos mucha presión sobre nosotros. Pero todo esto contribuye a la agresividad sólo si ésta ya está en nosotros. Los factores externos activan la falla interna, entonces es cuando te rendís a tu enojo y en elcalordd momento reaccionas de un modo impulsivo".
La novedad es que las mujeres, cada vez más, somos las agresoras principales. Según la encuesta, el 28 por ciento de las lectoras iniciaron una pelea física con su pareja. Los expertos no se sorprenden por este dato: hoy, nosotras estamos bajo tanto estrés como los hombres. Además, somos más fuertes que nunca (y si no, ¿por qué pensás que las clases de kick boxing están a full de chicas?), y el hecho de ser una fuerza de trabajo contundente nos dio una actitud mucho más batalladora. Un caso claro es el de Antonia, una instrumentadora de 30 años que una noche terminó hirviendo de bronca por problemas laborales, y se la agarró con su pareja.
"Había hecho una guardia de 24 horas en la que apenas tuve tiempo para cenar una barrita de cereal", recuerda. "Cuando volví a casa, Esteban había hecho un desastre en la cocinacon señas de violencia familiar : se había preparado la cena para él y ni siquiera me dejó los restos. Cuando tuvo la cara para preguntarme si yo podía lavarlos platos, le revoleé mi cartera parla cabeza". Quizás te resulte gracioso, pero la verdad es que no es un motivo de risa. "Somos socializados para pensar que ciertos tipos de violencia son aceptables; de hecho los adolescentes varones se relacionan a los golpes y las chicas lo hacen cada vez más", dice Tapia. "En una mujer puede llegar a parecer 'gracioso', pero no debería ser así". Claro que si la situación fuera a la inversa (chico-golpea-a-chica) él probablemente habría sido tildado de "hombre golpeador". Y eso no está bien, ni sería justo.
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