Metodos de separacion

De la discusión a la guerra
Los conflictos o metodos de separacion pueden expresarse de múltiples maneras, desde discusiones calmas y racionales, a guerras del tipo "te-estrangularé", como en la obra de teatro de Edward Albee ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, en la que toda la relación de la pareja se transforma en una competencia a ver quién puede causar y soportar mayor dolor. A veces lo que comienza como una honesta discusión se transforma en una guerra. Se puede describir este proceso como una escalera con cuatro peldaños. Cada uno lleva a un nivel superior, en el cual el daño que se inflige se vuelve más destructivo. Cada escalón tiene sus propias pistas que permiten detectar claramente cuándo se está pasando al siguiente nivel.

El primer escalón: la conversación para la resolución del problema                
En el transcurso de una conversación para resolver un problema, nadie se siente amenazado. Por el contrario, sentimos que somos un equipo. Trabajamos juntos con la convicción de que podemos solucionar "nuestro" problema y prevalece un espíritu de cooperación. Experimentamos una apertura en la comunicación y nos sentimos seguros como para exponer nuestra vulnerabilidad y nuestros problemas. Pero a veces se dice algo que hace que uno o ambos nos sintamos amenazados, provocando que alguno (o los dos) subamos un peldaño más en la escalera.

El segundo escalón: la discusión
El fluir libre en la comunicación se hace más lento o se bloquea por completo y nuestro objetivo de resolver el problema cambia por el de construir una firme argumentación de nuestro punto de vista. Comenzamos a manifestar puntos a nuestro favor, tal vez reteniendo información sobre nuestros motivos o vulnerabilidades. Al comienzo podemos sentirnos en competencia, como si ahora fuera más importante "ganar" la discusión que encontrar soluciones.

 Los distintos metodos de separacion

En la medida en que la discusión avanza en los metodos de separacion, transformándose en pelea, ya no vemos a la otra persona como una compañera de equipo; se ha vuelto nuestro adversario. El cambio se manifiesta frecuentemente en cambios en la voz (un tono o un volumen más alto, más acusador, más exigente, etc.) y en la postura física (caminar, tensionar los hombros y los músculos de la espalda, cruzar los brazos al pecho como un escudo, señalar con el dedo, mover el puño, etc.). El sentimiento general es el de una competencia donde se gana o se pierde.

El tercer escalón: la pelea
Lo que nos conduce de una discusión a una pelea es que uno de los dos se siente lastimado y tiene miedo de que lo lastimen más. Creemos que está bien eliminar los frenos y buscar "sangre" porque la otra persona, debido a su conducta, "merece que la hiera tanto como ella me hirió a mí". El objetivo de la interacción ya no es resolver el asunto original, sino hacer daño. Para justificar nuestras posiciones, traemos heridas del pasado. Ninguno de los dos quiere compartir información sobre sus vulnerabilidades. Nuestras percepciones del otro se deforman y, si la pelea progresa, será peor.

El cuarto escalón: la guerra
La pelea se transforma en guerra cuando, animados por una fuerte emoción, nuestro objetivo pasa a ser el aniquilamiento emocional o la sumisión del otro. El objetivo de resolver el problema se dejo atrás hace tiempo. A esta altura, ya no nos vemos como personas, sino como estereotipos exagerados. En el peor de los casos, el "otro" se ha vuelto completamente malvado. En el mejor de los casos, creemos que el otro no va a cambiar y no podemos imaginarnos cómo pudimos querer estar con esa persona.

En una guerra, cada acción y cada palabra es interpretada como una descarga de un arma, una embestida o una contraembestida, un choque de espadas en una batalla. Hasta los esfuerzos por parte de uno de los dos para reducir el nivel de conflicto, para bajar un peldaño o dos en la escalera de violencia puede ser percibido por el otro como una maniobra táctica o una manipulación. Retorcidos por nuestro estado de alta adrenalina, nuestra percepción está tan focalizada en ganar la guerra, que no podemos imaginar al otro como alguien que quiere hacer las paces.

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