En la medida en que la discusión avanza en los metodos de separacion, transformándose en pelea, ya no vemos a la otra persona como una compañera de equipo; se ha vuelto nuestro adversario. El cambio se manifiesta frecuentemente en cambios en la voz (un tono o un volumen más alto, más acusador, más exigente, etc.) y en la postura física (caminar, tensionar los hombros y los músculos de la espalda, cruzar los brazos al pecho como un escudo, señalar con el dedo, mover el puño, etc.). El sentimiento general es el de una competencia donde se gana o se pierde.
El tercer escalón: la pelea
Lo que nos conduce de una discusión a una pelea es que uno de los dos se siente lastimado y tiene miedo de que lo lastimen más. Creemos que está bien eliminar los frenos y buscar "sangre" porque la otra persona, debido a su conducta, "merece que la hiera tanto como ella me hirió a mí". El objetivo de la interacción ya no es resolver el asunto original, sino hacer daño. Para justificar nuestras posiciones, traemos heridas del pasado. Ninguno de los dos quiere compartir información sobre sus vulnerabilidades. Nuestras percepciones del otro se deforman y, si la pelea progresa, será peor.
El cuarto escalón: la guerra
La pelea se transforma en guerra cuando, animados por una fuerte emoción, nuestro objetivo pasa a ser el aniquilamiento emocional o la sumisión del otro. El objetivo de resolver el problema se dejo atrás hace tiempo. A esta altura, ya no nos vemos como personas, sino como estereotipos exagerados. En el peor de los casos, el "otro" se ha vuelto completamente malvado. En el mejor de los casos, creemos que el otro no va a cambiar y no podemos imaginarnos cómo pudimos querer estar con esa persona.
En una guerra, cada acción y cada palabra es interpretada como una descarga de un arma, una embestida o una contraembestida, un choque de espadas en una batalla. Hasta los esfuerzos por parte de uno de los dos para reducir el nivel de conflicto, para bajar un peldaño o dos en la escalera de violencia puede ser percibido por el otro como una maniobra táctica o una manipulación. Retorcidos por nuestro estado de alta adrenalina, nuestra percepción está tan focalizada en ganar la guerra, que no podemos imaginar al otro como alguien que quiere hacer las paces.
|